El deterioro de los ingresos docentes, la sobrecarga de tareas y las dificultades para sostener la asistencia en la secundaria exponen los desafíos del sistema educativo
La discusión sobre la escuela argentina suele comenzar por la cobertura, la asistencia y los resultados, pero detrás de esas cifras aparece una condición que atraviesa el sistema: la calidad educativa depende también de los recursos y de las condiciones para enseñar. La incorporación de más estudiantes amplió, al mismo tiempo, las demandas que recaen sobre las escuelas y puso el foco en la vida cotidiana de las aulas.
Para la analista María Migliore, esa tensión atraviesa el trabajo de docentes y directivos desde hace años. Mientras a la escuela se le asignan responsabilidades pedagógicas y sociales cada vez más amplias, “el salario real cayó en las veinticuatro provincias” entre 2013 y 2024, advirtió enInfobae A las Nueve.
La escena que describe Migliore no se limita al momento de la clase. En las aulas conviven las distracciones que generan los dispositivos, conflictos de convivencia, situaciones de pobreza y demandas de las familias; una acumulación de tareas que, según planteó, modifica el oficio docente. “Al docente no solo le pedimos: enseñá bien matemática”, afirmó.
El tiempo que los docentes destinan a cada escuela
El punto de partida, según la analista, son los ingresos. Con remuneraciones insuficientes, sostuvo, se vuelve más difícil que los maestros se formen, permanezcan en una misma institución y dispongan de tiempo para acompañar a sus alumnos. “Queremos que los chicos aprendan más, pero no estamos dispuestos a garantizar las condiciones”, dijo.
Migliore señaló que, según la provincia, un docente sin antigüedad puede no llegar a un salario básico de un millón de pesos. La distancia entre ese ingreso y el volumen de obligaciones que enfrenta fue uno de los ejes de su planteo: “Lo que les exigimos es muchísimo”.
Esa presión también se refleja en la organización del trabajo. “Aproximadamente el 30% de los docentes de nivel primario trabaja en más de una escuela”, indicó Migliore, una proporción que contrastó con el 11% del promedio regional.
Para la analista, la multiplicidad de cargos tiene consecuencias sobre la continuidad de los equipos y, por lo tanto, sobre el aprendizaje. “En nivel primario necesitás un docente fijo que tenga más tiempo disponible”, sostuvo al defender la necesidad de reforzar la permanencia en cada establecimiento.
El planteo, sostuvo, no puede separarse de la asignación de recursos. “La educación de mayor calidad sale plata y hay que invertir en esto”, afirmó Migliore, aunque remarcó que un incremento de fondos necesita criterios claros y una planificación que defina dónde se destinan.
Trayectorias escolares intermitentes
La Argentina logró una cobertura educativa superior al 90%, recordó la analista al comparar esa situación con la de otros países de América Latina. “Fue un primer paso”, dijo, pero consideró que el acceso debe estar acompañado por condiciones que sostengan la enseñanza y el aprendizaje dentro de las escuelas.
La mayor preocupación aparece, según Migliore, en la secundaria, donde hay estudiantes que entran y salen del sistema sin que esa discontinuidad siempre quede registrada. “Estamos seguros que hay un subregistro”, señaló al referirse a los jóvenes que dejan de asistir de manera intermitente.
El problema continúa después del egreso. Terminar la secundaria, advirtió, no garantiza el ingreso a un empleo formal ni una mejora automática de las oportunidades laborales. “Un chico que termina la secundaria no necesariamente accede a un mejor trabajo”, explicó, en referencia a quienes luego encuentran ocupaciones informales.
Esa brecha afecta una de las expectativas históricas asociadas a la escuela. Cuando el título no abre el acceso esperado al trabajo, “esa promesa se va rompiendo”, expresó Migliore, al describir el deterioro de la idea de movilidad social vinculada a la educación.
Aun con ese diagnóstico, la analista ubicó a la escuela entre las instituciones que conservan mayor reconocimiento. “Sigue siendo de las pocas instituciones en las que todos creemos en la Argentina”, afirmó, y consideró que esa confianza ofrece un punto de apoyo para diseñar políticas de fortalecimiento del sistema.
Parte de la respuesta, propuso Migliore, está en que las escuelas no deban enfrentar solas los problemas sociales que atraviesan a los estudiantes. Al referirse a instituciones con mejores niveles de terminalidad, señaló que “tienen gabinetes que acompañan los problemas sociales”. La presencia de esos equipos permitiría que docentes y directivos concentren su tarea en lo pedagógico.
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