El eco de las tizas empezó a dibujarse esta mañana en los pasillos de la Unidad Penal N.º 10. En una mesa de trabajo, con la presencia de la directora de la U-10, Sonia Meyer; el alcalde, Ismael Luján; la trabajadora social Ludmila Balcaza y la psicóloga Pilar Mendiondo, junto a la directora de EPJA, Sonnia Gracia, y el equipo técnico de EPJA, se sembró la semilla de un proyecto transformador: llevar la educación formal y el arte a hombres y mujeres internados por causas penales y civiles, bajo el cuidado de la salud mental.
La reunión combinó el rigor institucional con la urgencia de la empatía. El equipo, integrado por profesionales de la psicología, la enfermería, el trabajo social y la educación, coincidió desde el primer minuto en un diagnóstico claro: el encierro no puede ser un punto muerto, sino un espacio de posibilidades.
Desde el Ministerio de Educación llegaron propuestas concretas que animaron el intercambio:
- Nivel primario: estructurar su oferta para restituir el derecho básico a aprender a quienes la vida marginó tempranamente.
- Ajedrez: incorporarlo no solo como juego, sino como herramienta terapéutica que favorece la estimulación cognitiva, el control de la ansiedad, la estrategia y la paciencia.
- Taller de lecto-escritura: para darles voz a los silencios.
- Música y arte: como canales alternativos de expresión cuando la palabra no alcanza.
- Taller de indumentaria: pensado como un oficio concreto que devuelva la dignidad del hacer y la autonomía de cara al futuro.
Al cerrar la jornada, las carpetas quedaron repletas de notas y cronogramas, pero el ambiente ya era distinto. El equipo técnico-profesional de la Unidad N.º 10, encabezado por su directora, Sonia Meyer, y el equipo de EPJA, con su directora Sonnia Gracia, se pusieron de pie con una certeza compartida: el tratamiento de la salud mental dentro de la institución no se compone solo de fármacos y diagnósticos, sino también de aulas abiertas, lienzos, partituras y la firme promesa de que el mañana puede ser un lugar mejor.
