La fascinante trayectoria de Lucía Sbardella, la abogada correntina que realizará su maestría en la Universidad de Pennsylvania. Las paradas en la ruta de su infancia, la defensa de la universidad pública y el “libro prohibido” que despertó su vocación.
Ernesto Fernández
El conocimiento profundo nunca se adquiere de manera gratuita. Posee un costo invisible que no figura en los folletos universitarios ni en los presupuestos de las becas más de elite. Se abona puntualmente en la divisa del desarraigo, en la sutil violencia de traducir los afectos a otra lengua, en las horas de insomnio acumuladas frente a textos densos y en la constante renuncia a la comodidad del entorno nativo.
Lucía Sbardella, una joven abogada e investigadora nacida en la provincia de Corrientes, conoce al detalle los términos de ese contrato existencial. Tras un notable recorrido académico que la llevó desde las aulas de la universidad pública en el nordeste argentino hasta los centros de posgrado del nordeste brasileño, se prepara para su siguiente y más ambicioso destino: la prestigiosa University of Pennsylvania (UPENN), una de las ocho instituciones de elite que integran la legendaria Ivy League norteamericana.
Admitida en el riguroso Programa de Doctorado (PhD) en Spanish and Portuguese dentro del Department of Spanish and Portuguese de la School of Arts and Sciences, Sbardella no llegó allí por azar. Su incorporación se produce bajo el ala de la exclusiva Benjamin Franklin Fellowship, un beneficio altamente competitivo reservado para investigadores que demuestran una solidez intelectual sobresaliente y una trayectoria académica e investigativa de alto impacto.
Lejos de constituir un espacio dedicado meramente al análisis gramatical o la filología clásica de la península ibérica, el programa de UPenn fundada por el propio Benjamin Franklin funciona como un nodo neurálgico de los denominados Latin American Studies (Estudios Latinoamericanos).
Desde allí, Lucía buscará expandir, debatir y consolidar una línea de trabajo que ha estructurado su biografía intelectual en la última década: la intrincada y a menudo dolorosa relación entre la memoria colectiva, las manifestaciones artísticas y los procesos políticos de posdictadura en América Latina.
Su logro, sin embargo, no se agota en el plano del mérito estrictamente individual. En un contexto global y regional complejo para la ciencia, la trayectoria de Sbardella funciona como un testimonio vivo del potencial que late en las aulas de las universidades públicas del interior de la Argentina y de la región, demostrando que la producción de conocimiento con proyección global se construye desde las identidades locales.
Las marcas de la ruta: una infancia interpelada por la piedra
Para desentrañar la génesis de las preguntas teóricas que hoy guían la labor de Lucía resulta imprescindible abandonar los escritorios universitarios y situarse en una ruta del nordeste argentino a mediados de la década de los noventa. Lucía era entonces una niña de apenas cuatro o cinco años. Con una frecuencia casi matemática, cada fin de semana su padre, Daniel, encendía el motor del auto familiar para emprender el viaje desde la ciudad de Corrientes hacia Formosa, su provincia natal, con el propósito de visitar a los familiares paternos.
A mitad del trayecto, cruzando el territorio de la vecina provincia del Chaco, el monótono paisaje rutero se interrumpía para dar paso a un ritual involuntario. El vehículo solía detenerse a un costado del camino, justo frente al imponente y desgarrador monumento que rinde homenaje a las víctimas de la Masacre de Margarita Belén aquel brutal operativo conjunto del Ejército Argentino y la Policía chaqueña que derivó en el fusilamiento clandestino de un grupo de militantes de la JP y Montoneros en diciembre de 1976.
Esas figuras de piedra calada, que representaban el espanto y el dolor de los cuerpos sometidos por el terrorismo de Estado, permanecieron en la mente de Lucía como una incógnita silenciosa durante años. La respuesta definitiva llegó al inicio de su adolescencia y de una forma que bordea el mito familiar. Una tarde de siesta correntina, empujada por la curiosidad inherente a lo prohibido, Lucía se acercó a la biblioteca de su padre. Allí descansaba un volumen encuadernado de cubiertas rojas cuyo título imponía un mandato severo: “Nunca Más”. Sus padres preferían mantenerla alejada de ese texto, considerándolo impropio para su tierna edad, pero la restricción no hizo más que agudizar el deseo.
Al abrir el libro y sumergirse en los testimonios escalofriantes, crudos y meticulosos de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), aquella niña experimentó una profunda revelación intelectual y afectiva. Las piezas del rompecabezas encajaron con una violencia conceptual: las declaraciones de los sobrevivientes de los centros clandestinos de detención y los testimonios judiciales explicaban, con horrorosa precisión, el llanto, el sufrimiento y las cadenas de los cuerpos esculpidos que contemplaba en la ruta chaqueña de su infancia. La resonancia de esa siesta se convirtió en una obsesión metodológica y en una línea investigativa que guiaría sus años venideros.
De las aulas del litoral a la vacancia de la memoria periférica
La formación de base de Lucía se estructuró de manera íntegra en las aulas de la educación pública argentina. Ingresó a la carrera de Abogacía en la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), específicamente en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas, un espacio que resultó clave para sus primeras aproximaciones a la metodología de la ciencia.
En el cuarto año de la carrera obtuvo su primera beca de investigación de grado, un beneficio que renovó durante tres períodos consecutivos. Bajo la tutela del Grupo de Investigación Deodoro Roca, Sbardella comenzó a delinear un enfoque propio que incomodaba la mirada tradicional del derecho positivista: la articulación entre los marcos del derecho a la verdad, el contexto de la justicia transicional y las prácticas estéticas de resistencia en el campo de las artes visuales dentro de su provincia natal, Corrientes.
Esta elección temática implicaba un posicionamiento crítico frente a los consensos académicos de la época. A fines de la década de los noventa y principios del nuevo siglo, el campo de los denominados “estudios de memoria” había alcanzado una notable solidez teórica en el Cono Sur, fuertemente impulsado por las demandas de las organizaciones de derechos humanos en el espacio público en relación a la tríada memoria, verdad y justicia. Sin embargo, la inmensa mayoría de las investigaciones teóricas e historiográficas se concentraban en las grandes metrópolis de la nación, fundamentalmente en Buenos Aires, Rosario o Córdoba.
“En ese momento, cuando había empezado a investigar, hace seis años, no había tantas investigaciones que abordasen las consecuencias de la dictadura por fuera de las grandes capitales de Argentina”, analiza Sbardella con agudeza. “La dictadura afectó de una manera diferente en las capitales que en las comunidades o en las zonas periféricas de las provincias. Me pareció un campo de vacancia fundamental para aportar a la memoria de mi propia comunidad, para descentralizar esa mirada analítica”. Felizmente, detalla la investigadora, la situación actual es muy distinta y hoy en día existen grupos consolidados abordando estas temáticas en localidades periféricas.
La rigurosidad de su enfoque pronto le exigió ensanchar las fronteras geográficas por pura necesidad metodológica. Si el terrorismo de Estado en el siglo XX había operado de manera coordinada a través de fronteras nacionales mediante dispositivos transnacionales, la respuesta analítica del investigador no podía permanecer aislada en los límites provinciales. Tras concluir su carrera de grado, Sbardella se postuló al prestigioso GCUB Mobility Program, obteniendo el respaldo financiero de la Organización de los Estados Americanos (OEA) para radicarse en Brasil.
Allí cursó y concluyó la Maestría en Estudios sobre Memoria (Programa de Pós-GraduaçÒo em Memória: Linguagem e Sociedade) en la Universidade Estadual do Sudoeste da Bahia (UESB), considerada una de las experiencias de posgrado más rigurosas del continente en la materia, complementando su formación con una segunda Maestría en Filosofía en la misma institución.
Su paso por Brasil no fue meramente áulico. Apoyada por fondos de la universidad y del gobierno del Estado de Bahía, Sbardella se trasladó a la megalópolis de SÒo Paulo para realizar una estancia de investigación especializada. Recorrió los archivos y las colecciones del Museo de Arte de SÒo Paulo (MASP) y las muestras artísticas de la Fundación ITAÚ, rastreando en primera persona de qué manera las artes visuales brasileñas habían procesado el trauma de su propia dictadura militar. Esta inmersión en la cultura académica y los congresos internacionales la llevó a integrarse activamente en la Memory Studies Association, la red internacional de investigadores en estudios de memoria más importante del planeta, un espacio que sirvió como vitrina y puente definitivo hacia los claustros académicos norteamericanos.
La historia oculta de los programas en Estados Unidos
La inserción de Lucía Sbardella en la Universidad de Pennsylvania abre un capítulo que permite reflexionar sobre la historia y la geopolítica del conocimiento en el hemisferio norte. Los departamentos de lenguas hispanas y lusófonas en las universidades de la Ivy League albergan una trayectoria compleja que refleja las transformaciones económicas, culturales e ideológicas mundiales del último siglo.
En su origen decimonónico y durante la primera mitad del siglo XX, estos programas se encontraban rígidamente orientados a la academia tradicional europea: la filología, la enseñanza de lenguas y el estudio exclusivo de la literatura peninsular clásica (el Siglo de Oro español). Sin embargo, el estallido de la Guerra Fría y las transformaciones políticas y de protestas sociales alteraron radicalmente las prioridades intelectuales y estratégicas de las administraciones académicas norteamericanas. Ante la necesidad apremiante de comprender las corrientes intelectuales, los cambios económicos y los procesos culturales de un continente en constante ebullición, las universidades del norte comenzaron a volcar sus recursos hacia el sur, interesándose paulatinamente por distintas regiones del mundo, entre ellas América Latina.
A este factor geopolítico se sumó, de manera determinante a finales del siglo XX, el vertiginoso aumento demográfico de la población hispanohablante dentro de las fronteras de los Estados Unidos. Estos elementos propiciaron el nacimiento de los Latin American Studies actuales: plataformas de investigación profundamente interdisciplinarias donde el idioma ya no es el fin último del estudio, sino la herramienta crítica para analizar fenómenos globales. En estas aulas conviven investigadores, profesores y estudiantes que abordan las problemáticas de los países hispanos y lusófonos desde la literatura, el cine, la sociología, la economía y la teoría crítica.
Para habitar este ecosistema intelectual de alta competencia, el mérito investigativo debe ser complementado por una destreza lingüística excepcional. Las universidades de elite norteamericanas exigen a sus doctorandos un perfil políglota estricto. Además del inglés (requerido para el proceso de admisión, las entrevistas y el dictado de seminarios) y de su idioma nativo, los estudiantes deben certificar suficiencia en al menos otras dos lenguas extranjeras. Se pretende que sus científicos sean capaces de transitar múltiples lenguas fluidamente, dado que el cuerpo docente y los estudiantes provienen de todas partes del mundo y las clases bien pueden dictarse en inglés, español o portugués. Una vez más, Lucía edificó esa destreza en el ámbito de la universidad pública, habiendo cursado estudios de inglés, portugués e italiano en los departamentos de idiomas de la UNNE.
El saber y su costo: redes de resistencia y el sostén afectivo
Detrás de la postulación exitosa de Sbardella un proceso extenuante que consumió todo un año de trabajo enfocado en la rendición de exámenes internacionales, redacción de ensayos teóricos y la preparación de cartas de presentación opera una densa red de apoyo de carácter estrictamente colectivo y colaborativo. Sus cartas de recomendación ante UPENN fueron rubricadas por destacados profesores e investigadores de Argentina y Brasil, consolidando un ejemplo de cooperación regional que hoy proyecta sus resultados hacia los espacios universitarios de alcance global.
En el plano personal, la investigadora correntina reivindica el rol de su núcleo familiar, un entorno atravesado de punta a punta por la impronta de la educación pública y la UNNE. Su madre, Mónica, es odontóloga egresada de dicha casa de estudios; su hermano, Lucas, continúa allí su formación; y la figura de su padre, Daniel, el abogado graduado de la UNNE que resguardaba aquel ejemplar del “Nunca Más” en las siestas de su infancia y que falleció hace un tiempo, opera como un faro que la acompaña en su subjetividad, en cada mudanza y en cada nuevo desafío que incorpora. Mónica y Lucas disfrutan hoy con orgullo las felicitaciones de su comunidad y del entorno cercano ante el inminente viaje de Lucía, que demandará un mínimo de cinco años de residencia en Filadelfia.
Consultada sobre los rigores que impondrá la distancia y el desarraigo en una cultura marcadamente diferente a la rioplatense o a la brasileña, Sbardella recurre a una lucidez teórica que combina el psicoanálisis con la praxis del investigador:
“Siempre hay un dejo de angustia por el lugar que uno deja, pero yo creo que tiene que ver con el costo. Justamente una psicoanalista decía que saber cuesta, y hay que tener el goce del saber. Y bueno, todo tiene su costo. Y ahí está la cuestión de si uno está dispuesto a ser cobrado por ese costo”.
Lucía Sbardella ha decidido pagar ese precio en pos del crecimiento intelectual. Su mudanza a la Universidad de Pennsylvania no constituye el final de un trayecto, sino la apertura de una plataforma de escala transnacional desde la cual interrogar el pasado reciente latinoamericano. Mientras prepara sus textos y ordena sus valijas, sus preguntas esenciales permanecen firmemente ancladas en el territorio de su infancia: allí donde el arte y la piedra resisten al olvido, y donde la universidad pública demostró, una vez más, que la excelencia científica no es el privilegio de unas pocas capitales, sino el fruto de la perseverancia, el esfuerzo colaborativo y el compromiso ético con la propia historia.
