Los 18 establecimientos de la Familia Agrícola en la provincia suman unos 2500 estudiantes que se forman en ese sistema, por el cual viven en la escuela durante 15 días. En un seminario que reunió a docentes y tutores se plantearon nuevos desafíos para sostener y profundizar el arraigo de los jóvenes al entorno rural. 

Las Escuelas de la Familia Agrícola (EFA) son instituciones educativas rurales de gestión comunitaria que utilizan la pedagogía de alternancia, combinando semanas de internado escolar con semanas de trabajo productivo en el hogar familiar. Se enfocan en la formación integral de jóvenes, el desarrollo local, el arraigo rural y la participación activa de los padres en la gestión. Y aunque existen también en otras provincias argentinas, Corrientes es una de las con mayor cantidad de estudiantes en este tipo de instituciones: son 18 escuelas, que suman un número aproximado de 2500 estudiantes.

Tras seis años de pausa, docentes, directivos y tutores de estas escuelas agrícolas familiares se reunieron el fin de semana pasado en el paraje Maruchas, cerca de Goya, donde se encuentra la EFA Coembotá, que resultó de anfitriona para el seminario.

En ese encuentro, pudieron volver a abordar en conjunto los temas pedagógicos, de gestión y nuevos desafíos que tienen en común, ya que consideran que atraviesan una etapa de “recambio generacional”, ya que los docentes de mayor antigüedad, que comenzaron a implementar esta modalidad hace más de 35 años en la provincia, ”se van jubilando y, para transferir los conocimientos y las herramientas pedagógicas de este sistema de alternancia, es importante poder abordar los temas comunes”, explicó a República de Corrientes Melina García, regente de la EFA Guayquiraró, de Esquina.

“Estuvimos planificando durante todo el año pasado algunas alternativas para volver a encontrarnos, después de 6 años que no se hacían seminarios. En reuniones de rectores plantearon la necesidad de generar de nuevo este encuentro para ver la realidad de cada escuela, ya que por ir cubriendo necesidades al interior de cada escuela se fue dejando de hacer”, recordó la docente, quien participó en la planificación de este nuevo seminario.

“Somos conscientes de que estamos dejando un legado al plantel docente más joven que está viniendo, quizás sin tanta información de lo que es este movimiento a nivel nacional y provincial, y para quienes la unión de identidad que compartimos en las escuelas de alternancia es un rasgo primordial”, apuntó. 

Luego de trabajar durante el verano para planificar y llevar adelante el encuentro, se concretó el fin de semana del 19 de febrero, justo antes de retornar a un nuevo ciclo escolar. 

“Partimos de 3 ejes de trabajo: lo político y administrativo fue el primero, donde abordamos temas de gestión, de organización institucional, y de la manera de llevar adelante gestiones para poder seguir avanzando, por ejemplo en lo que sería un nomenclador provincial especial para las escuelas de alternancia. Desde 2004 se viene impulsando una ley que cubra las necesidades de las EFA, que sabemos que son muy valoradas, y nos planteamos volver a impulsar su tratamiento en la Legislatura”, comentó. Otra iniciativa fue la de retomar la labor de la Asociación Provincial de EFA, que ya cuenta con personería jurídica y donde se acostumbraba ir abordando temáticas comunes. 

La profesionalización del campo

Durante el seminario “se trabajaron también temas como las prácticas profesionalizantes en las escuelas. Cada establecimiento expuso cómo aborda cada una de sus producciones y nos planteamos tener el mismo sentido en los trabajos que tienen que hacer los alumnos, los lugares donde se pueden hacer las prácticas y el tipo de instituciones y empresas. La intención es generar una red de lugares para hacer las prácticas entre empresas, instituciones y las mismas escuelas”, relató García.

También consultado por República de Corrientes, para el rector de la EFA Tupá Rembiapó del Ingenio Primer Correntino, Javier Magnago, “es una necesidad tener un número mayor de establecimientos agropecuarios, empresas e instituciones con los cuales realizar un intercambio y que los chicos puedan hacer prácticas profesionalizantes en espacios que sean seguros. Siempre la escuela aporta el seguro de los alumnos para estas experiencias, pero también se requiere de una continuidad, sobre todo en producciones como la nuestra, que son ganadería bovina y porcina”, explicó.

Es que la diversidad productiva que abordan las EFA es tan nutrida como su presencia territorial en la provincia. De ese modo, mientras en Guayquiraró alumnos aprenden el cultivo de arroz y ganadería que incluye sistemas de inseminación en bovinos y cría de ovinos, en Virasoro trabajan con cultivos de yerba mate, en tanto en la EFA Mocoví, de Mocoretá, la producción se orienta a la citricultura. “Hay escuelas que ya están llevando a cabo un intercambio entre los estudiantes, para que puedan conocer y aprender sobre distintas producciones. La intención es ampliar esa experiencia entre todas las EFA en los distintos puntos de la provincia y hacer extensivas estas experiencias desde el 5.º año, para realizar visitas de estudio entre los establecimientos entre 5.º, 6.º y 7.º año”, explicó la regente de Guayquiraró.

Por otra parte, García también valoró la presencia en el seminario de una supervisora del área de Educación Privada del ministerio, así como referentes de la Universidad Nacional del Nordeste, quienes aportaron herramientas para profundizar las prácticas profesionalizantes de los alumnos, no solo para su inserción laboral como técnicos sino también como una base para su ingreso a la universidad.

“Fue un esfuerzo que pudieran viajar y acercarse a compartir el seminario. Ratifica que se tiene un real interés en el crecimiento de nuestras escuelas”, sostuvo la profesora.

Traspaso generacional

El tercer eje que abordaron fue el pedagógico. “Es algo que nos destaca, nos hace distintos a otras escuelas y, por ese motivo, sabemos que la matrícula en las EFA creció tanto. En Guayquiraró -ubicada en la segunda sección rural de Esquina, con otras tres escuelas rurales cerca-, la matrícula se duplicó en los últimos 3 años, ahora tenemos 130 alumnos”, relató.

En tanto desde Tupá Rembiapó ratificaron que comenzarán este ciclo lectivo con 198 estudiantes. 

“Lo edilicio sigue siendo el desafío. El año pasado, cuando cumplimos 20 años, recibimos mucho apoyo para realizar un festival con lo cual logramos recaudar lo suficiente para comprar aires acondicionados para los dormitorios de los alumnos”, recordó García.

Por su parte, Magnago apuntó que en esa escuela de Santa Ana, la dificultad se centra en las aulas. “Los dormitorios están bien, pero tenemos aulas pequeñas, para unos 28 estudiantes. Y en primer año ahora ingresan 40, así como son 36 en el segundo año. Tenemos un salón de usos múltiples, pero necesitamos terminarlo y colocarle el cielorraso, que cuesta más de 2 millones de pesos. Tendremos una reunión de tutores en los próximos días, para buscar alternativas para financiar esa obra”, adelantó.

“En el intercambio entre los docentes durante el seminario, se pudo compartir la experiencia de los profesores más antiguos hacia los más nuevos: tenemos instrumentos pedagógicos específicos para el sistema de alternancia, como boletines de seguimiento, la visita de los docentes a las casas de las familias y viajes de estudio. Es muy valiosa la posibilidad de juntarnos y entender lo mismo cuando hablamos de estos instrumentos y estrategias para su implementación. La idea es generar prácticas superadoras”, dijo.

Así, ratificaron el rol trascendental que cumplen estas escuelas en el ámbito rural. “No se limita a la educación o a cumplir con una currícula, es un aporte comunitario con capacitaciones, promoción de la salud y somos instituciones de referencia para todas las familias”, recordaron los profesores. 

En Tupá Rembiapó, por ejemplo, asisten estudiantes de hasta 50 kilómetros de distancia, que seguramente, de no contar con esa opción educativa, estarían planeando migrar hacia la ciudad. A la vez, decenas de estas escuelas son y han sido el principal refugio en contingencias climáticas, como los incendios y las inundaciones, no solo albergando a los estudiantes, sino a todas las familias rurales de los chicos. 

Fuente: La República