La UNESCO publicó su primer Informe mundial sobre tendencias de la educación superior, con el foco puesto en la movilidad estudiantil internacional
PorMariana Kozodij
La pregunta sobre el vínculo entre la educación superior y las necesidades profesionales del mundo actual se encuentra en una tensión constante donde más que nunca la academia ve la necesidad de repensarse.
La disrupción tecnológica, los cambios demográficos con la baja de la natalidad, los reajustes geopolíticos y la evolución del mercado laboral tienen un impacto más que directo en las casas de estudios superiores que buscan evitar un anquilosamiento que las deje fuera de juego ante el cambio de paradigma del aprendizaje a lo largo de la vida.
El Informe mundial sobre tendencias de la educación superior 2026 publicado por el el Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (UNESCO IESALC) dialoga con medir el avance hacia el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4).
El documento se basa en datos del Observatorio de Políticas de Educación Superior (HEPO) de la UNESCO, que releva información de 146 países, e integra estadísticas del Instituto de Estadística de la UNESCO (UIS) y destaca la persistencia de brechas de acceso, graduación, equidad, financiamiento y calidad.
Un egreso que se demora
La matrícula mundial en licenciatura, maestría y doctorado, que representa los niveles 6 a 8 de la Clasificación Internacional Normalizada de la Educación (CINE), aumentó un tercio en la última década; alcanzando el número de 213 millones de estudiantes en 2023.
De acuerdo al informe, la tasa bruta de matriculación pasó del 27% al 35%, con diferencias regionales profundas. Mientras superó el 65% en Europa y América del Norte; en América Latina y el Caribe se ubica en un nivel intermedio, con el 53 % y en África Subsahariana apenas alcanza el 7%.
A pesar de este crecimiento, la graduación se ralentizó pasando del 22% al 27% entre 2013 y 2023. El informe advierte que barreras financieras y de contextos de vulnerabilidad impactan en las trayectorias que muchas veces son acompañadas con una asistencia en el ingreso y que luego se diluyen con el tiempo.
Techo de cristal y gasto público
Las mujeres superan ampliamente a los hombres en licenciatura y maestría, con una tasa bruta de graduación del 30% frente al 24% masculino, pero siguen subrepresentadas en los doctorados y, sobre todo, en el liderazgo ya que representan el 44% del personal docente mundial, pero ocupan apenas una cuarta parte de los cargos de alta dirección. Además representan al 49% de los estudiantes internacionales.
De acuerdo a lo relevado por el Instituto de Estadística de la UNESCO, el gasto público en educación terciaria promedió el 0,8% del PIB en 2022, lo que representa menos del 0,3% en países de ingresos bajos y más del 1,5% en los de ingresos altos.
El informe también detecta una creciente tendencia a trasladar la carga financiera hacia las familias, vía aumento de aranceles y mayor dependencia de proveedores privados. Por citar algunas transformaciones, países como Chile, Japón, Sudáfrica, México y Corea del Sur redujeron tasas para grupos específicos por asequibilidad; mientras que en Estados Unidos plasmó una fuerte política de reducción de gasto universitario derivando en un alto endeudamiento estudiantil y una fuerte brecha de acceso.
Proyecciones y movilidad
Casi la mitad de los estudiantes que eligen estudiar en el exterior proviene de apenas diez países, encabezados por China e India. La movilidad estudiantil internacional se triplicó desde comienzos de siglo hasta alcanzar los 7,3 millones de estudiantes en 2023; y se espera que para el 2030 la matriculación llegue a los 9 millones.
Mientras que Europa Occidental y América del Norte concentran el 49% de los estudiantes internacionales como destino, seguida de lejos, por Asia Oriental y el Pacífico (19%), hay países que se mantienen entre los más elegidos y aparecen nuevas opciones.
Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Alemania, Canadá, Rusia y Francia reciben la mitad de la matrícula internacional, mientras que Argentina, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos continúan ganando terreno. En América Latina y el Caribe, la proporción de estudiantes que elige quedarse en la región pasó del 24% al 43% entre 2000 y 2022, con Argentina como principal destino.
Otro dato a considerar en lo que respecta a la movilidad estudiantil es el de las personas refugiadas, cuya matrícula en educación superior se multiplicó por nueve entre 2019 y 2025 (ACNUR). El reconocimiento de sus cualificaciones y equivalencias sigue siendo una de las mayores barreras para reingresar al sistema educativo y al mercado laboral, por falta de documentación, fragmentación legal entre países y obstáculos lingüísticos y socioeconómicos.
Gobernanza, calidad, digitalización y formación docente
A nivel gobernanza, el 88% de los países mantiene la educación superior bajo control nacional directo, pero solo el 67% reconoce por ley la autonomía institucional. En términos de calidad y certificación en el proceso de aprendizaje el 88% exige por ley agencias de acreditación, frente al 40% de inicios de la década de 2010.
En cuanto a la educación digital se estima que los usuarios de plataformas de aprendizaje en línea pasaron de 429 a 783 millones entre 2019 y 2024- con un fuerte impulso producto de la pandemia de COVID-19- aunque un tercio de la población mundial sigue sin conexión, con brecha entre países de ingresos altos (93%) y bajos (27%), según la Unión Internacional de Telecomunicaciones.
En cuanto al personal docente se destaca una marcada tendencia en términos de inseguridad laboral ante contratos precarios y un retroceso de la libertad académica en 34 países y territorios en la última década; con fuentes citadas del Informe sobre Libertad Académica 2025. A eso se suma el burnout docente y la necesidad de actualización creciente ante los cambios en la educación por el impacto de la IA y desarrollos tecnológicos.
Las recomendaciones finales apuntan a siete ejes a considerar. El primero es el de sostener la ampliación del acceso sin descuidar la graduación,seguido por la necesidad de reforzar la inclusión de grupos en desventaja. En tercero, cuarto y quinto lugar se destaca la importancia de mejorar la coordinación del sistema educativo internacional, fortalecer la autonomía institucional y la libertad académica a partir de un financiamiento sostenible. Los dos últimos ejes apuntan a atender los riesgos de la inteligencia artificial y a mejorar las condiciones laborales de docentes y el reconocimiento de cualificaciones.
