A partir de una iniciativa realizada junto con GDFE y el acompañamiento técnico de la OEI, buscan que más de once mil estudiantes secundarios puedan vincular su formación con el mundo del trabajo y los estudios superiores
Por Patricio Zunini
“No podemos pensar la educación como algo aislado del proyecto productivo y energético de la provincia”, dijo Patricia Campos en el Salón Gris de la Casa de Gobierno, en Viedma. La ministra de Educación y Derechos Humanos de Río Negro hablaba ante funcionarios, empresarios, fundaciones y organismos internacionales, pero enseguida llevó la conversación hacia quienes debían ocupar el centro de esa mañana: los estudiantes secundarios que, mientras la provincia modifica su estructura económica, empiezan también a decidir qué harán con sus vidas. “Estamos hablando de ampliar horizontes, de ayudar a construir un futuro, de brindar oportunidades”, agregó.
El encuentro del viernes pasado buscaba darle visibilidad a una política provincial de articulación entre la escuela secundaria, el mundo del trabajo y los estudios superiores, y sirvió también para renovar el convenio entre el gobierno rionegrino y el Grupo de Fundaciones y Empresas (GDFE). Durante 2026, la iniciativa se propone alcanzar a las 98 escuelas secundarias orientadas de gestión estatal, además de la Escuela Secundaria Rural Virtual: en conjunto, más de 11.000 estudiantes y alrededor de 800 docentes, distribuidos en seis nodos territoriales.
Campos situó esa política dentro de una pregunta más amplia sobre el futuro de Río Negro. Cuando una provincia recibe inversiones, incorpora actividades y demanda nuevos perfiles laborales, la transformación no llega de manera automática a las expectativas de quienes están terminando la escuela. Entre una economía que cambia y un adolescente que debe imaginarse dentro de ella existe una distancia hecha de información, experiencias, posibilidades familiares y horizontes conocidos. Para la ministra, reducir esa distancia tiene también una dimensión territorial: que cada joven pueda “imaginar un futuro posible en su provincia” permitiría que las oportunidades que se generan en Río Negro puedan convertirse en alternativas para quienes crecieron allí y, al mismo tiempo, ofrecer alguna respuesta frente al desarraigo.
La iniciativa comenzó a pensarse en 2024, explicó Campos, a partir de una idea que durante su intervención nombró varias veces: construir puentes. La imagen, en su exposición, tenía una precisión particular porque esos puentes debían avanzar “en múltiples direcciones”, vinculando al sistema educativo con empresas, organizaciones, instituciones de educación superior y actores de cada territorio. Habló de cooperación y corresponsabilidad, dos condiciones necesarias para una política que pretende exceder los límites físicos de la escuela sin perder su sentido educativo. La vinculación entre educación y producción requiere, en esa perspectiva, mirar el presente sin hacer de él un límite.
Antes de cerrar, la ministra dejó una invitación que explicaba en buena medida el sentido del encuentro: que la jornada no quedara reducida a una reunión institucional, sino que pudiera convertirse en “una conversación profunda”, capaz de acompañar con decisiones educativas el rumbo que está tomando Río Negro.
Cuando la política llega a la escuela
Corina Acosta, directora de Educación Secundaria, tomó la palabra y llevó la discusión hacia el funcionamiento cotidiano de las instituciones. Señaló que la vinculación con el trabajo y los estudios superiores ya estaba contemplada en el diseño curricular de las secundarias rionegrinas y la relacionó con una idea que definió como “justicia curricular”: procurar que esas posibilidades lleguen a escuelas y estudiantes independientemente del lugar de la provincia en el que se encuentren. El problema, admitió, es que hace falta acompañar más a las instituciones para que ese principio pudiera convertirse en prácticas concretas.
Durante su intervención, Acosta recuperó la experiencia de algunas escuelas que ya habían empezado a construir, por iniciativa propia, vínculos con su entorno productivo. Mencionó el caso de una institución con orientación en turismo que cada año buscaba acuerdos con hoteles para que sus estudiantes atravesaran instancias formativas. Describió aquel trabajo con una expresión que permite entender tanto su valor como sus límites: era el esfuerzo de una escuela que, “en soledad”, iba “golpeando esa puerta” para averiguar si una empresa estaba dispuesta a abrirla. La política provincial busca que esos vínculos dejen de apoyarse en la tenacidad particular de un director, de un docente o en los contactos que cada institución haya podido construir. Empresas, universidades, fundaciones y organizaciones del territorio pasan a formar parte de una trama más estable, con la intención de que experiencias que hasta ahora podían depender de una iniciativa excepcional alcancen una escala provincial.
Para Acosta, buena parte de ese proceso empieza por los adultos de la escuela. La formación de docentes, directivos y supervisores permite revisar las prácticas, observar cómo se desarrollan los proyectos y preguntarse qué sucede pedagógicamente cuando una institución establece una relación con su entorno. “Salir de lo teórico a lo práctico, aprender haciendo”, dijo. El enfoque se organiza alrededor de proyectos, problemas y preguntas que nacen de situaciones reales y obligan a mirar con atención aquello que sucede alrededor de cada escuela.
Al terminar, volvió sobre la imagen de la escuela que trabajaba sola, aunque esta vez para dirigir una convocatoria a quienes estaban sentados en el salón. Río Negro tiene escuelas distribuidas en territorios muy distintos y cada una, dijo, desarrolla proyectos que podrían enriquecerse con conocimientos y experiencias provenientes de otras instituciones. “Les pido que se sumen, que conozcan los proyectos”, expresó, antes de repetir que el objetivo es que el trabajo de la escuela “no sea en soledad”.
La acción colectiva como política pública
Javier García Moritán, director ejecutivo del Grupo de Fundaciones y Empresas, habló después de Acosta y concentró su intervención en una expresión: “acción colectiva”. Para GDFE, dijo, los grandes problemas del desarrollo requieren que distintos actores sean capaces de alinear esfuerzos, capacidades y recursos alrededor de una misión común. La experiencia de Río Negro, que comenzó a construirse durante los dos años anteriores, reunía precisamente a fundaciones, empresas, la OEI y organismos como el BID alrededor de una política conducida por el Ministerio de Educación.
García Moritán se detuvo especialmente en el modo en que debía entenderse esa participación. “Acá no se trata de ninguna tercerización”, dijo, conservando en la frase una discusión que acompaña inevitablemente a cualquier intervención privada dentro de una política pública. Su planteo ubicó a las organizaciones en un lugar de apoyo: “Nos ponemos al servicio del gobierno de Río Negro, nos ponemos al servicio de la política pública”. Empresas, fundaciones y organismos aportan equipos, recursos y conocimientos; la conducción y el sentido educativo permanecen en manos del Estado provincial.
Avanzó después hacia una concepción más amplia del desarrollo. “El universo de la escuela no se agota en sí mismo”, sostuvo, porque el pasaje hacia el trabajo, los estudios superiores y la vida adulta obliga a establecer relaciones con instituciones que existen fuera de ella. Esa apertura, en su perspectiva, tiene una dimensión económica, aunque alcanza también el desarrollo personal y el recorrido vital de cada estudiante. La responsabilidad de las organizaciones consiste, entonces, en contribuir a que la política educativa consiga las transformaciones que se propone.
El encuentro permitió poner en valor el camino recorrido y consolidar el trabajo conjunto entre el Gobierno de Río Negro, la OEI, el BID, y las fundaciones y empresas que acompañan esta política educativa: Fundación Acindar, Fundaciones Grupo Petersen, Fundación IRSA, Fundación Pampa Energía, Fundación Grupo Volkswagen, Fundación Siemens, Fundación YPF, TGS, Bounty EdTech y Universidad Siglo 21. García Moritán pidió ampliar esa red y sumar nuevos actores, con la expectativa de que los proyectos de las escuelas puedan encontrar apoyos distintos según sus características y los territorios en los que se desarrollan.
Los dos presentes de Río Negro
Guillermina Laguzzi, especialista en educación y trabajo de la OEI, cerró las intervenciones y llevó nuevamente la conversación hacia los estudiantes. La organización se había incorporado en 2024, a partir de una convocatoria de GDFE, para acompañar al Ministerio en lo que Laguzzi llamó “la última milla de la transformación de la secundaria rionegrina”. La articulación con el trabajo y la continuidad de los estudios ya formaban parte del diseño curricular; quedaba por construir la metodología, acompañar a las instituciones y conseguir que aquella definición llegara de manera efectiva a la experiencia escolar.
La iniciativa empezó en 2025 con unas cincuenta instituciones y durante 2026 busca extenderse a las noventa y ocho secundarias orientadas estatales, además de la Escuela Secundaria Rural Virtual. La organización territorial comprende seis nodos —Viedma, Bariloche, Cipolletti, Roca, Valle Medio y Sur— y veintidós zonas supervisadas. La escala obliga a trabajar sobre una provincia cuya unidad administrativa contiene realidades productivas y escolares muy diferentes, y donde la relación entre una escuela y su entorno adquiere formas distintas según el lugar.
Laguzzi encontró entonces una frase capaz de condensar el problema que había recorrido toda la mañana: “Hay dos presentes que no siempre van juntos”. Uno corresponde a una provincia que crece, transforma su matriz productiva y abre nuevas posibilidades laborales; el otro, a estudiantes que llegan al final de la secundaria y encuentran dificultades para proyectar una expectativa. La distancia excede la incertidumbre vocacional propia de esa edad: también depende de cuánto conoce un joven acerca de los caminos que existen alrededor suyo.
La escuela precisa ampliar el repertorio de posibilidades que un joven puede considerar al pensar su futuro. Una oportunidad puede existir cerca de su casa y continuar siendo ajena si nunca escuchó hablar de determinado oficio, carrera o perfil profesional. Laguzzi dijo que había que “acercarlas y traducirlas y darlas a conocer a los estudiantes”. La economía de una provincia puede transformarse con rapidez; para que ese movimiento intervenga en una decisión personal necesita antes encontrar una forma visible.
Quizás allí se juegue el sentido último de esta iniciativa: conseguir que aquellos “dos presentes” de los que habló Laguzzi empiecen a encontrarse antes de que los estudiantes terminen la secundaria. Una provincia puede transformar su matriz productiva, atraer inversiones y multiplicar oportunidades, pero nada de eso alcanza por sí solo para ensanchar el horizonte de quienes todavía están decidiendo qué hacer con sus vidas. De eso hablaba Campos al comienzo de la jornada cuando proponía “construir puentes”: no de indicarles a los jóvenes hacia dónde ir, sino de procurar que, cuando llegue el momento de elegir, conozcan mejor los caminos que tienen por delante.
